jueves, 26 de mayo de 2011

El credo interior del aficionado taurino venezolano

Venezuela, viene escuchando desde hace poco mas de 10 anos, y sobre todo en los canales del estado, una alta perorata de los antitaurinos, o animalistas, buscando la eliminación de la fiesta brava, desde Caracas y hacia el resto del país. Nombran a Caracas, (por motus propio y sin consulta), ciudad anti taurina, ignorando que la mayoría de aficionados que plenan los graderíos de Valencia, Mérida, Maracay, San Cristóbal o Maracaibo, son de Caracas.
Alegan que el toreo es un evento sanguinario, que se viola el respeto a los derechos de los animales, que no es arte, que no es estético, que no es parte de la tradición ni de la cultura venezolana, que es una fiesta de burgueses, y otros calificativos sin criterio, de paso nos llaman asesinos y nos insultan cada vez que tienen oportunidad (demostrando su “buen”nivel de educación). Y digo sin criterio, porque no hay un mínimo de razonamiento lógico y elemental para concluir en semejantes aseveraciones.
Yo preguntaría primero si los antitaurinos pueden responder sobre qué se entiende por arte, por estética, por tradición, por cultura, y más aún qué se entiende por tradición y cultura venezolanas, y peor aún, preguntaría si conocen el verdadero sentido de la democracia.
Acaso pretendemos pensar que la influencia española y europea de más de 500 años no introdujo elementos nuevos a nuestra tradición y a la cultura precolombina en nuestros territorios, cuando Venezuela aún no existía?. Si fuese así, invitaría a todos los antitaurinos y demás ciudadanos radicales e intolerantes con las minorías a que vivan conforme lo que pregonan, y por tanto empiecen a usar taparrabos o vestidos que los nativos usaban en aquellas épocas, cazar con lanzas y dardos envenenados, o acaso hablar solamente warao, wayu, goajiro o alguna otra lengua nativa.
Alegan qué no se le ha consultado al toro, esto es una barrabasada que no merece ser siquiera considerada. Acaso se les pregunta a los pollos, vacas, cerdos, chivos, corderos o animales marinos, sobre si desean ser parte del alimento de aquellos que “defienden los derechos de los animales”. Voy más allá, se le pregunta al río cuando se le desvía de su cauce o se lo explota a tal punto que se lo seca y envenena? Se le pregunta a las verduras sobre su derecho a morir en las plantas que los germinaron?.
Sin duda hay un pseudo ecologismo infantil que incapaz de producir innovaciones que promuevan el bienestar general, se escudan en su ignorancia y vil resentimiento para joder, para oprimir aprovechándose de una coyuntura que favorece sus nimias conciencias. Entendámoslo de una vez por todas, la fiesta de los toros no es una fiesta de cuatro burqueses, ni el pretexto de los sin personalidad a emborracharse en la plaza y fuera de ella.
Estas últimas son conductas aberrantes que se producen dentro y fuera de la plaza, pero que no son únicamente de las corridas de toros, pues se producen también en los estadios de baseball, fútbol o en fiestas populares a lo largo y ancho del país. El toreo es violento? Por qué no se habla entonces del boxeo, la lucha libre, y muchas otras manifestaciones con enorme carga agresiva que se verifican en el territorio nacional, que por añadidura son realizadas exclusivamente por seres humanos.
La violencia se produce por causas sociales originadas en la exclusión, la marginalidad, la ignorancia, la pobreza, la intolerancia, la prepotencia y el abuso del poder. No agarren al toreo como chivo expiatorio de sus miserias y falsa conciencia social. Por todo lo dicho soy uno más que defiende el ritual del toreo por hermoso y profundo, por serio y trágico, por estético, porque me invita a entender la vida enfrentando a la muerte.
Quienes no gustan de los toros, no están obligados a verlos ni compartirlos. No pretendo convencerles de que gusten del toreo. Pero por esa misma razón, ni ustedes ni nadie puede quitarnos lo que es nuestro, nuestro credo interior.
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