lunes, 24 de febrero de 2014

Ovacionado Joselito Adame, en Guadalajara


Dicen que cuando las cosas nacen torcidas, resulta complicado enderezarlas. Y eso fue lo que sucedió la tarde de hoy en Guadalajara, prácticamente desde que el encierro de Los Encinos fue rechazado, y hubo necesidad de remediar este desaguisado con toros de dos hierros distintos: Celia Barbabosa y San Isidro.

Si a ello sumamos que, nada más saltar a la arena el primer toro de la corrida, un espontáneo saltó al redondel y recibió un golpe fortísimo en la cara, cuando intentaba dar un farol de rodillas con un sarape. Ahí quedó tendido el veterano novillero retirado Ramón Lizardo, que por su culpa el toro estuvo a punto de empitonar a un arrojado monosabio que salió a hacerle el quite. El herradero que se formó fue mayúsculo y este ingrato accidente dejó el ambiente plagado de incertidumbre que permeó a lo largo del resto del festejo, como fue la fractura de la pata izquierda sufrida por el primero toro de Joselito Adame.

Crónica del colega Juan Antonio De Labra, ademas de imagenes  a continuación….


Poco después, el público, fue constatando, que iba a ser muy difícil levantar aquella tarde. Ni siquiera el buen antecedente que dejaron los dos toros de Celia Barbabosa de lote de Fernando Ochoa, el día de su despedida en esta plaza, sirvió de aliciente cuando los hechos fueron sucediéndose unos a otros.

Al final, tampoco uno de regalo de De Santiago permitió andar a gusto a nadie. Así que cada uno de los toreros del cartel –Morante, Joselito Adame y Diego Silveti– se vio obligado a pechar estos imponderables que provocaron una tarde con pocos detalles de emoción, muy distinta a la que vivimos el domingo anterior.

La faena de mayor intensidad la hizo Silveti al toro de regalo, que tenía dos puñales por delante. El torero de Irapuato sacó la casta y le plantó cara al peligro con una gran convicción, pues el toro de Pepe Garfías tenía un comportamiento muy avispado, y sabía bien lo que dejaba atrás.



A base de confianza en sí mismo, Silveti le robó muletazos de mérito, jugándose la voltereta en todo momento, tratando de reverdecer triunfos ante una afición que lo arropa con cariño sincero. Y así, de la misma manera, él trató de estar a la altura de las circunstancias.

El toro se revolvía en un palmo con la cara alta, mirando al torero, que lo desafiaba con entereza. Y a pesar de que ese peligro sordo del toro no trascendía al tendido, los profesionales que estaban en el callejón mascaban esa incómoda sensación de miedo. Un fuerte achuchón en un desplante encendió el ambiente de una faena recia que no tuvo el remate de la espada.

Hoy Diego no estuvo fino con el acero, lo que le impidió cortar sendas orejas; trofeos que hubiesen cambiado el rumbo de la tarde de manera significativa.



Su afán de triunfo quedó de manifiesto desde su labor delante del tercero de la tarde, con el que también estuvo sumamente esforzado y le hizo otra faena de menos a más, con estructura, y buenos pasajes, en la que tuvo la capacidad de ir sometiendo al toro hasta culminar con tres dosantinas que calentaron el ambiente, antes de ejecutar esa variante de las bernadinas que ya forman parte de su repertorio y reclaman que se les ponga un nombre propio.

Con el sexto de la tarde, Diego abrevió en virtud de que ya había anunciado el toro de regalo, hecho que agradeció un público que estuvo a favor suyo, como también lo estuvo con Joselito Adame, que hizo el toreo más vistoso de capote, en una nueva demostración de variedad y sentimiento que ahí queda.



Embalado como está, inteligente y seguro, el hidrocálido se gustó toreando con gran temple y a pies juntos, al primer toro de su lote, al que también le hizo un vistoso quite por zapopinas que gustó mucho.

Cuando parecía que el toro iba a romper a embestir, porque había galopado con mucho son en banderillas, se rajó demasiado pronto y ya no hubo forma de que aquello, que iba tomando forma, tuviera un final feliz, el que esperaba el público tapatío.



Otro tanto ocurrió con el quinto, que en el segundo tercio tuvo transmisión pero acabó agarrándose al piso, lo que impidió a Joselito volver a conquistar un triunfo en este escenario.

La gente increpó a Morante porque el sevillano estuvo brevísimo con un lote de toros que no acudieron a su muleta. Y tampoco iba a traicionar su estilo para meterse en medio de los pitones con la esperanza de sacar agua de una piedra. Eso no va con su tauromaquia.



Quizá el duro castigo en varas que recibió el primero de la tarde fue la causa de que llegara tan parado al tercio final, pero tampoco el otro, que era un dije, le permitió ningún tipo de florituras, pues se defendió a las primeras de cambio. La de Morante de hoy en Guadalajara fue otra tarde para el olvido, tristemente.

Ficha

Guadalajara, Jal.- Plaza “Nuevo Progreso”. Cuarta corrida de la Feria de Aniversario. Media entrada en tarde espléndida.

Tres toros de Celia Barbabosa (1o., 3o. y 5o.) disparejos en presentación y hechuras, de poco juego en su conjunto.

Tres de San Isidro, armoniosos de hechuras, protestado el 4o. por tener menor trapío, nobles y sin fondo de bravura. El 2o. se fracturó la pata izquierda de salida y fue sustituido por uno de la misma ganadería. Y uno de regalo, de De Santiago, complicado.

Pesos: 545, 500, 535, 475, 500, 485, 490 kilos.

Morante de la Puebla (negro y oro): Leves pitos y bronca tras aviso.

Joselito Adame (verde botella y oro): Ovación y silencio. Diego Silveti (espuma de mar y oro): Ovación tras aviso, silencio tras aviso y ovación en el de regalo.

Incidencias: Destacaron en varas Mauro Prado y David Váquez; en banderillas, Diego Bricio estuvo muy eficaz, mientras que Cristhian Sánchez saludó. El espontáneo Ramón Lizardo ingresó a la enfermería conmocionado. Le iban a practicar estudios radiológicos e iba a ser remitido a la policía municipal.

Fuente: Juan Antonio De Labra / AlToroMexico
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