martes, 18 de febrero de 2014

La importancia de las becerradas y la promoción de toreros


Durante varios años, ya demasiados, los novilleros llamados punteros y elegidos por los pseudo taurinos como los futuros matadores de toros mandones del toreo no han cuajado.

Ninguno ha llegado al nivel que se suponía tenían.

Sus carreras taurinas se han diluido como azúcar.

Durante los últimos lustros ningún novillero que haya tomado la alternativa ha plantado cara a los matadores de toros que llevan más de diez años en figura.

Entérese por que son importantes las becerradas antes que las novilladas….



Las excepciones, Fandiño y Adame.

Y justamente a estos dos les ha costado sangre, sudor y lágrimas llegar, pero lo han hecho, porque son toreros de verdad.

Es decir, tienen la capacidad para jugarse la vida –esto se dice muy fácil, pero hacerlo es un milagro- y, sobre esa base, han fundamentado su evolución y desarrollo, demostrando además que saben torear de verdad.

El toreo no es un juego.

Es muy serio.

Lo más grande de este mundo, y cualquiera no vale para para ponerse delante de un toro y torear de verdad y con pureza.

Me da la sensación que se está engañando a muchos chavales, haciéndoles ver que pueden ser toreros, cuando en realidad no valen.

Actualmente los chavales están acostumbrados a torear añojos o erales -animales que aportan muy poco en términos de temple, sitio, ritmo- y ante los cuales muchos novilleros valen.

Se les “cuida” en exceso, como si el toreo fuese algo simple, mostrándoles algo distinto a la realidad.

Por eso, cuando la mayoría de los chavales se topan justamente con la realidad, se desvanecen: cuando sale un utrero o un cuatreño al que hay que torear, en toda la extensión de la palabra, no aparecen los recursos, la técnica, los conocimientos y, sobre todo, la capacidad para jugarse la vida de verdad, conscientemente.

Han creado sus carreras sobre algo falso, sin fundamento.

Es evidente que a los chavales que quieren ser toreros hay que prepararlos poco a poco.

En ese sentido es normal que las primeras veces que se ponen delante de un animal, éste sea añojo o eral, para que se vayan acostumbrando a ver a un animal bravo.

Ahí ya se podría ver el que se pone de verdad y el que no.

Pero para despejar dudas, y tras una primera fase de toma de contacto con animales añojos y erales, para irse acostumbrando y soltándose, y una vez asimilado cómo se cogen y utilizan los trastos de torear y se torea de salón de una forma aceptable, entonces nada mejor que hacer una prueba en el campo con animales ya más fuertes.

Esto puede parecer una barbaridad, pero no lo es.

Es la cruda realidad del toreo.

Hasta principios del siglo XX existía la figura de la “media espada”.

En las escuelas taurinas modernas, hasta hace no mucho tiempo, algunos tentaderos se hacían con utreras y cuatreñas para ver quién tenía cojones y quien debía irse a su casa, y en lugar de organizarse becerradas con añojos, como ahora, se organizaban novilladas de erales casi utreros, sin cara, pero con volumen y embestida de las que dan sitio, hasta el punto de que un puyacito les venían de maravilla, que a los buenos toreros les permitían destacar y mostrar toda su dimensión.

De esas épocas han salido varios toreros que han salido a hombros de las plazas de toros de más renombre y que han estado presentes en todas las ferias importantes del mundo.

También nos topamos con otro gran inconveniente: los vigentes reglamentos taurinos y convenios colectivos, que hacen más daño de lo que parece, impidiendo que se saquen toreros de una forma distinta a lo reglamentado y convenido por los “iluminados” redactores (“escribidores”) de los mismos.

Autor: José María Granados
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