lunes, 18 de noviembre de 2013

Valencia / Cinco orejas se cortaron en el cierre de la Feria.

Aunque parezca exagerado, Daniel Luque estuvo superior al maestro Enrique Ponce, quien no efectuó las faenas que se esperaban, en la tercera y última corrida de la temporada en La Monumental que contó, además, con la participación del rejoneador Francisco Javier, para el cual hubo una oreja y Erick Cortés que no tuvo suerte a pesar de su buena disposición de agradar.

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Luque hizo un toreo clásico, esmerado en su primero y segundo toro con una suave muleta que extendía con la finura de la seda, en una tarde alargada innecesariamente por fallas en la electricidad y por actos agregados que no estaban en el programa. Los toros fueron de la ganadería Rancho Grande, algo descastados pero buenos.

Con un lleno de más de media plaza, el festejo comenzó a las 4:30 de la tarde, con la actuación del rejoneador Francisco Javier, cuyo toro, de la ganadería de San José de Bolívar, tardó en salir de su encierro y demostró que le gustaba más el toreo de a pie que el de caballo. Escuchando música el rejoneador hizo una bonita faena poniendo bien los rejones y banderillas. Con una estocada contraria logró que el toro cayera y mereció una oreja. Gustaron los quites efectuados por su sobresaliente Michel Tahan, El Jeque.

Viva Ponce

Enrique Ponce, trajeado de grana y oro, fue recibido por la afición con la emoción que despierta la actuación de una leyenda del toreo, por lo cual, al comienzo, hubo silencio en la plaza, mientras el maestro reflexionaba ante un toro berrendo jabonero, para lograr el equilibrio que le permitiera dictar su cátedra taurina. Ofreció verónicas maestras y tandas de derechazos y algunos naturales. Pero el manso animal limitaba la faena que concluyó con una estocada extraordinaria. Merecía una oreja pero le dieron dos a petición del soberano. Llamó la atención la tardanza en ofrecerle música y cuando se la dieron, al final, casi no se oía porque no había electricidad en una plaza a media luz.

En el segundo toro fue peor que el primero por lo cual el maestro de Valencia, España, no se preocupó mucho y con media estocada, ayudada por la puntilla, lo despachó, demostrando su sapiencia en conducir la lidia.

Gracias Erick

Erick Cortez, de turquesa y oro, trató de agradar en sus dos toros, entregándose y demostrando sus conocimientos de la tauromaquia, con faenas que no cuajaban. En el segundo escuchó música de la Banda de la Plaza, que estuvo sensacional en especial con solos de trompeta. Se fue recompensado con las palmas de la afición, que reconoció su esfuerzo en la organización de estas ferias en honor a Nuestra Señora del Socorro.

Estrella de la tarde

El sevillano Daniel Luque, 1989, con traje nazarano y oro, fue la estrella de la larga tarde que se hizo noche. Torea con exquisitez, con el refinamiento de un aristócrata. En el primero no tuvo suerte. En el segundo, comenzando la faena, pasó un susto con la capa pero luego ofreció chicuelinas de ensueño, dejando caer la tela con la suavidad de una pluma. Lo que repitió con la muleta que deslizaba lentamente, midiendo la distancia para que los pitones no tocaran la tela. Clavó la espada en su justo lugar, pero hubo que esperar para que toro cayera. Una oreja era suficiente pero le dieron dos, atendiendo la señal de costumbre con los pañuelos. Hasta el año que viene.

Fuente: Alfredo Fermin / ElCarabobeño
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